Al contemplar el candor, la fragilidad, la sencillez e inocencia de las niñas y los niños de mi pueblo, no puedo dejar de pensar y sentirme de alguna manera culpable de la difícil tarea que les hemos heredado de años de irresponsabilidad y malos tratos. En sus manos está corregir los errores que los mayores hemos cometido, porque la situación que cada uno de los niños y jóvenes están viviendo en este tiempo es culpa en gran medida de nosotros los viejos, ya bien lo ha dicho un venerable Presbítero en sus homilías “Si la juventud está mal, es porque los viejos están peor”, creo que es el momento de tomar muy en serio estas palabras, ya que si queremos ser justos con las generaciones del presente, es necesario pedir perdón por haber errado nuestra historia, por lo menos hay que reconocer que hemos pecado y que ello nos ha llevado a someter a nuestros hijos e hijas en un sinsentido a causa de nuestra desatención, incomprensión y sobretodo el mal ejemplo que les hemos dado, por eso se comportan rebeldes sin causa y les hacemos juicios constantes y les culpamos de todo lo malo que sucede.
Hoy es el momento que cada uno de nosotros los mayores pongamos nuestra mano en la conciencia y de cara a la Palabra de Dios que en Efesios 6:4 nos dice “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” y de rodillas supliquemos a nuestro Señor Jesús:
En primer momento que nos perdone por habernos apartado de su amor y por ello haber cometido pecados de muerte y no haber atendido la voz que nos ordena en Mateo 19:14 “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos” Eso no quiere decir que dejemos que los niños se mueran para que vayan a los brazos del Padre Eterno, como erróneamente han expresado algunos protestantes ante el deceso de un niño; Considero que Jesús con esa enseñanza nos invita a adquirir un compromiso, a generar plena conciencia en nosotros, que es nuestro deber instruir con paciencia y amor a los niños en el conocimiento de la Verdad, que con nuestra actitud y ejemplo ellos se vayan formando y creyendo que El Señor existe y que nos ama y que nos observa, que les enseñemos a ir en busca de su Palabra, a poner atención y sobre todo a reconocer a Cristo Jesús en sus amigos, familiares y todas las personas con quienes se socializan, para ello es necesario que nosotros estemos conscientes de nuestra responsabilidad, que procuremos las condiciones para estar aptos de llevar una evangelización especial dirigida a niños y jóvenes; en el sentido que seamos verdaderamente conversos y que a su vez demos fiel testimonio del amor que le profesamos a Dios y a nuestros semejantes, es de esa manera que nosotros podemos ayudarles para que comprendan lo que está escrito y que les viene bien a su edad; en otras palabras que ayudemos al Señor a Crear el Reino de Dios aquí en la Tierra para cada niño y niña, que es equivalente a transmitirles la Fe a los hijos y a todo niño que esté a nuestro alrededor, para que confiados en la Promesa de Nuestro Dios que en Proverbios 22:6 nos dice “Instruye al joven según sus disposiciones, que luego, de viejo, no se apartará de ellas”. Y que guiados por el Espíritu Santo lleguen al conocimiento de la Verdad que es su Palabra, puedan ellos un día reproducir la imagen de Jesús en sus vidas, que la Palabra les haga libres y que actúen de acuerdo a la voluntad de Dios y así podrán en un futuro no muy lejano "Hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza, donde el otro es Cristo" como bien lo ha inspirado la Virgen Santísima, y puedan amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ellos mismos.
En segundo momento que nos ayude a hacer vida su palabra y que eso nos libere y convierta, para poder dar ejemplo a los jóvenes y tener la suficiente solvencia moral para poder aconsejar y orientar a estos jóvenes que sin tener ninguna culpa han venido a este mundo a sufrir los embates de la vida y en algunos casos hasta soportar hambre y privarse de ir a la escuela a educarse académicamente y no suficiente con eso les tocará enfrentar los desafíos futuros, si no hacemos nuestra parte y apoyamos a los jóvenes de hoy entregándoles amor, respeto, cariño, mostrándoles cuanto les valoramos y haciéndoles sentir que ellos son el motivo de nuestra existencia y que por ellos estamos dispuestos a estar de rodillas ante nuestro Creador para que tenga misericordia de nosotros como de ellos y que nos interesa su bienestar espiritual, familiar y corporal. En verdad si no hacemos algo de manera urgente por los niños y jóvenes de hoy El Señor nos dirá lo que está escrito en Mateo 25:41 “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles”.
Démonos la oportunidad de corregir, reparar nuestras vidas y reconstruir los tejidos de la familia; así mismo, descubrir hasta donde es nuestra culpa, el desorden y mal comportamiento de la mayoría de la juventud, no para cargar a los demás, sino para ser condescendientes y misericordiosos con nosotros mismos y desde ahí poder hacer conciencia en la generación presente que desde nuestra debilidad estamos intentado ayudarles a caminar haciendo la Voluntad de Dios, que es lo que al final nos llevará al encuentro pleno con Nuestro Señor, que hemos podido decirles desde nuestra experiencia Yo pequé de muerte, erre el camino y casi me cuesta la vida, por ello me pongo de ejemplo, para que vean como el pecado destruye, agobia y someta a sufrimientos, todo por haber desobedecido y así poder decirles a los niños y jóvenes lo que está Escrito en Isaías 55:6 “Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano” y en el Libro del Eclesiastés 12:1 “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: «No me agradan»”.
Así finalmente poder Escuchar del Señor que Nos diga lo que está escrito en Mateo 25:34 “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.
Suplicando a la Virgen Santísima que interceda por todos los padres de familia ante su Amado Hijo Jesucristo, para que derrame sobre ellos el Don de la Sabiduría y puedan así transmitirles la Fe a sus hijos.
NOTA: Esta reflexión me la envió un feligrés al correo de la parroquia, me parece un artículo de interés para los Padres de Familia.
