Padre Dean Brackley, SJ.
Digo que en seguida te alcanzamos, porque nos amaste tanto que tengo la seguridad que desde ya estas intercediendo por nosotros ante nuestro Señor Jesús. Siento en mi corazón plena certeza que el Padre Dean Brackley, pedirá a nuestro Padre que nos de la oportunidad de convertirnos y llegar un día a la santidad que Él en su paso por este mundo vivió.
Ayer al contemplarte Padre Dean en la urna donde te pusieron, quiero decirte que contuve las lagrimas, porque de repente me di cuenta que estaba frente a mi Señor Jesús, que pude ver en ti el mismo rostro de mi Señor, que en el silencio nos decía aquí estoy dando mi vida por ustedes.
Se apago tu sonrisa Padre Dean, pero el recuerdo de tus palabras y todo el amor, cariño, compresión, apoyo y ternura que de ti recibimos está vivo en los corazones de todos los que te conocimos, ayer escuche dos comentarios que me estremecieron el alma porque es la verdad y es que un Padre Jesuita dijo “Nosotros estamos hechos de pedazos, Dean era de Una Sola Pieza”, eso es una verdad absoluta que se manifestó en el inicio de la vigilia que celebramos en tu presencia Padre Dean; así mismo en la Santa Misa que celebramos en honor a San Lucas, escuché las palabras de mi Párroco que decía “tengo una sana envidia de las personas que conocieron al Padre Dean” y tiene mucha razón al externar esto, porque en verdad los que no te conocieron se perdieron de encontrarse con una persona que luchó por hacer vida en su Persona el Sermón de la Montaña mientras pasó por esta tierra y nos enseñó con su vida que es posible dar desde nuestra pobreza, que es posible vivir en paz, que es posible luchar por la justicia desde donde estemos, que es posible dar sin esperar nada a cambio, que es posible luchar por un mundo mejor, que es posible dar la vida por los demás,…
Por ello creo firmemente que en el momento de tu Pascua mi Señor Jesús estaba con los brazos abiertos esperándote para abrazarte, con un abrazo como el que Tu nos dabas cuando te llegábamos a visitar a tu oficina en el Centro Pastoral (estoy llorando de solo recordarte padre Dean), llegábamos cansados, agobiados por la carga de nuestros pecados y de las inclemencias que sufrimos a diario, como no recordarte Padre Dean….si siempre fuiste nuestro amigo fiel, siempre nos escuchaste y aconsejaste, siempre nos atendiste en medio de tus apretadas agendas académicas, siempre tuvimos amor y una palabra de consuelo de parte tuya…
Doy Gracias al Padre Eterno por haberte conocido, por haberte tenido como Párroco de mi Pueblo, así mismo pedir perdón por cuantas veces este pueblo de dura cerviz, no comprendió tu mensaje de amor que tantas y tantas veces nos distes en tus homilías.
Recuerdo cuando nos explicabas las bienaventuranzas, las cuales en ti ya se hicieron realidad: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Y Creo que Mi Señor Jesús ya pronunció sus palabras sobre ti: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.” Entonces tu seguramente le respondiste: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”
¡CRISTO HA RESUCITADO, VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
